El que quiere pescado

Posteado el 19 Ene 2019 por Walter Marquez   |   ,   

A veces la expectativa es muy grande. Los datos precedentes a una salida pueden ser determinantes para armarla, pero tambien, una vez en la cancha puede pasar cualquier cosa. Con esa expectativa íbamos a San Pedro, a romperla, a que se nos suban las tarariras a la caña. La realidad nos mostró que habia condiciones que cambiaron drásticamente y entonces.....el que quiere pescado, a mojarse el c*#&%#.

La historia de esta salida nace desde un lugar lejano a mi ya que era otro el grupo de pesca que iba. Pero la ausencia de un integrante hizo que se me haga lugar, y como despreciar semejante oportunidad. Por ello tempranito me pasó a buscar Claudio, de ahi a por Victor y de ahí a recorrer los 150 km hasta San Pedro.

Al llegar al lugar nos encontramos con el paisaje y la debacle. El río venía de una tremenda crecida en los últimos días, incrementándose la noche anterior. Como consecuencia, las tarariras que se nos iban a subir a la caña estarían totalmente desparramadas campo adentro. Había que buscarlas y mucho.

   

Navegamos un buen rato con un panorama tremendo ante nuestros ojos. El agua creía y creía inundando las casas que, por suerte, estan preparadas y levantadas del nivel del suelo. Lo que si no se salvan son los animales que apretujados en cada pequeños espacio seco que se ve, tienen sus días contados.

Obviamente para nosotros los pescadores estas crecidas ttraen vida. Cuando las aguas se estabilicen serán innumerables la cantidad de peces que repoblarán la zona traidos por el caudal de aguas superiores. Pero lamentablemente, para la vida sobre la tierra, estas crecidas son nefastas

A pescar...

Llegamos a la zona de pesca, la primera que tenía Pedrito Prats en la mira. Nos bajamos y con la premisa de moverlas hasta que se despierten arrancamos a pescar. Pedro nos dice que habia 50 cm mas de agua que ayer, que con trabajo lograron activarlas. Mal presagio. Todos con ranitas de goma sin lastre para trabajarlas bien sobre los pastitos en superficie, comenzamos los lances.

La realidad es que costó mucho tener algun movimiento, mas que ataque franco. Estaban remolonas, desparramdas y con pocas ganas de atacar. El esfuerzo dío resultados de minima, con un par de taruchas en nuestras líneas, pero sin ningun panorama de repuntar. La caminamos de punta a punta la zona, con agua hasta la cintura en algun momento, pero la poca actividad vista, era mas de huida que de ataque.

  
  

Nos subimos a la lancha nuevamente y a recorrer un poco de río. En una curva donde se formaba un bañado nos bajamos. Pedro nos dijo que fue otro muy buen punto días atras pero que se notaba mucha mas agua. Comenzamos a probar en un remanso y ahi si se vió actividad intensa.

Fueron muchas capturas, buscando el remanso primero, la sombra debajo de los árboles despues. De a ratos fue tirar y sacar, se calmaba la actvidad y nos movimos 10 metros y encotrábamos otra vez el malón taruchero. A mi se me dió por pisar un hormiguero y me arruinaron las patas, asi que me metí bien profundo en el río para cambiar los ángulos de ataque y ahogar a las hormigas.

  
  

Pedrito seguia endemoniado viendo la actividad y marcando piques. La zona de a ratos parecía que estaba liquidada y teníamos que movernos, pero de insistir las volviamos a encontrar y a tener actividad tota. A diferencia del lugar anterior donde había mucha vegetación, en este charco todo se resumió a ranas antienganche con cucharitas para bajar un poquito.

Al cabo de un buen rato terminamos con el lugar y decidimos ir a almorzar a la sombra de algun árbol reparador. No era el día que soñamos, pero con esfuerzo y paciencia comenzábamos a tener una jornada decente.

  
  

Ya con la panza llena comenzamos el sprint final de la tarde. Las dos primeras cuevas que visitamos, ambas lagunas desbordadas al río, prometían visualmente como si fueran el paraíso de la tararira. En ambas nos costó un perú mover pescado.

Una tercera canchita la pescamos desde arriba de la lancha mientras el amigo Pedro se bajó a remolcarla mano. Increíble la voluntad de Pedro para que pesquemos, ese plus nos salvó la jornada, ya que podría haber ido a las cuevas habituales y dejarnos horas en las mismas hasta que nos cansemos. Pedro no es asi y buscó y buscó y se metió en el agua a remolcar la lancha para tratar de llegar a algun lugar tentador.

  
  

Cerrrando la tarde Pedro se jugó a que nos movieramos una vez mas y busquemos una última cuevita. Esta vez un bañado paralelo a la costa, bien cubierto de vegetación y árboles, que el día anterior estaba plagado de taruchas. Cuando llegamos había una lancha por lo que, despues de putear en cien idiomas le entramos al bañado 100 metros mas adelante de donde queríamos.

En ese lugar algun pescadito se movió pero con poca constancia. Una vez se fueron los que nos madrugaron el lugar nos acercamos a pesar de que ya estuviera castigado. Por suerte todavía le quedaba tinta en el tintero y nos regaló un buen rato de ataques y capturas como para cerrar la jornada decentemente.

  
  

En resumen, fuimos a San Pedro a buscar esos pescones que suele darnos y nos encontramos con un desafío. Obligados salimos a vender cara la derrota y a mojarnos bien el traste, porque el que quiere pescado....

Esperemos que la próxima salida sea tan desafiante como esta, con un poco mas de actividad. O si se quieren subir solas a la lancha tambien. La pesca es hermosa sea cual sea la condición de la misma. Por eso es pesca y no una ciencia exacta.

Notas Recomendadas

Por que devolver

Muchas veces se discute si el pescador deportivo es realmente el culpable o no de la depredación de nuestros peces. Muchas veces llegamos a la conclusión que no. Esto no nos exime de la responsabilidad que tenemos de cuidar el recurso que tanta vida nos da.

Un pez devuelto es quizas la futura captura de tu hijo

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