La magia continúa

Posteado el 18 Ago 2019 por Walter Marquez   |   ,   

Hace algunos años soñaba con alguna vez poder ir a pescar a algún lugar lejano, de esos que sólo se veían en las revistas de pesca y que significaban la meca de cualquier pescador deportivo. Unos años más acá, en medio de la crisis que significó el 2014 y que me dejó sin trabajo después de 14 años, tomé la decisión de cumplir ese sueño viajando a Colombia a pescar una semana ese río mágico llamado Bita. El año pasado, en medio de un ataque de audacia, volví a viajar, esta vez a Brasil a pescar trairones amazónicos, sin compañero fijo de pesca, pero de la mano del amigo Bobby, organizador impecable de este tipo de servicios.

Un año después, en este 2019, logré convencer a mi amigo Victor, compañero de pesca infaltable, a que tome coraje, acomode el trabajo y que vayamos en busca de los sueños que tanto nos desvelan. Así nació esta nueva aventura, al mismo lugar que el año pasado y que me dejó totalmente enamorado…..SuiaMicu 2019, la magia continúa. Con la ayuda de Bobby para organizarnos económicamente en la forma de pagar, se me hizo medianamente fácil y razonable. Así llegamos nuevamente al 10 de Agosto, casi como la misma fecha del año anterior, donde nos encontramos los 16 locos nuevos que participarían en este casi viaje de egresados. Del año pasado repetirían Ale Pineyro, Marianito Sassone, Sergio Doret, Bobby Bermudez y quien escribe. Sumamos este año a mi compa de siempre Victor Gonzalez, Nestor Saavedra, procer del periodismo pesqueril, los Larrondo (Adolfo padre y Gustavo hijo), Gaby Villarino, Pato Balatti, Gustavo Vizcarra alias el Nono, Cristobaly Sergio de Paraná, Charly, hermano de Bobby y Marcos, sobrino de Bobby.

Toda esa banda produjo esa magia increíble que la pesca puede dar. Encontrarse en un aeropuerto, saludarse como si se conocieran de toda la vida y disfrutar 8 días juntos sin un si ni un no, donde las diferencias de clase, intelectualidad, gustos, etc. Pasa a un plano que no existe, porque ahí somos simplemente 16 locos pescando juntos. Y asi fue que en Ezeiza nos distinguimos fácilmente de cualquier otro pasajero y nos reconocemos casi inmediatamente por la maroma de tubos portacañas de 2 mts de altura que acompaña a cada dupla. Los saludos de rigor se acompañaron de fotos y de ansiedades dispuestas y superpuestas a sueños venideros.

   

El viaje fue placentero hasta Brasilia sobre un 737-800 de la aerolínea Gol. Ya en destino nos dirigimos a la empresa de alquiler de autos Unidas donde teníamos reservadas 4 Fiat Doblo. Como al llegar no tenían esos autos tuvimos la suerte que nos terminaran dando unas WV TIGUAN a cambio, terribles naves espaciales para ese largo viaje de casi 900 km que comenzábamos en ese momento.

El viaje en auto por nuestra cuenta tiene ese encanto de elegir donde parar, perderse en la ruta, equivocarnos y entrar en esos pequeños pueblos del Brasil profundo. La recorrida salía de Brasilia para recorrer el estado de Goias y terminar en el estado de MatoGrosso. Toda una aventura de conocimiento de ese Brasil antiguo que se conserva en el interior. Inclusive nuestro auto donde íbamos Bobby, Mariano, Victor y yo tuvo la suerte de perderse y encontrar una pequeña pero muy bien provista casa de pesca, que depredamos en 20 minutos que estuvimos ahí.

La recorrida rutera por el centro de Brasil nos invitó a conocer, mas no sea por instantes, lugares como Anopolis, Goiania, Nova Veneza con su hermosísima Iglesia o Barra do Garca donde nos quedaríamos a dormir a la vuelta del viaje. La mirada que nos regalan estos pueblos o pequeñas ciudades es de casas bajas en el típico ambiente brasileño de los años 80 con calor, mucho calor y comida bien brasileña regada de cerveza y arroz con feijoada por doquier.

Llegada a Querencia, el último pueblo antes de embarcarnos en el mato. Elegimos el hotel Portal do Xingu, el mejor de la zona y altamente recomendable, donde descansamos relajademente hasta el otro día donde nos embarcaríamos en el último y mas intenso tramo del viaje.

   
  
    

Los 200 km de tierra con el final bien adentrado en el ambiente selvático le dan mas mística a este viaje. Para guiarnos y no perdernos en esta parte complicada del viaje se acercó desde la Pousada uno de sus guías, Rafael, que es uno de los mas simpaticos y buena onda de los muchachos. El camino era bien de tierra colorada y seca atravesando varias facendas y sus plantios que a esta altura del año, con la seca, eran todos campos ya cosechados. Al cabo de un rato nos dimos cuenta que la camioneta que traia a Ale, Gaby y los Larrondo había desaparecido, cuando finalmente volvimos sobre nuestros pasos la encontramos parada en el camino....cagamos dijimos.

Despues de las miradas de rigor los muchachos con mas conocimiento dieron el veredicto, se había roto la barra estabilizadora de la suspensión delantera. Por suerte paró un camionero brasilero que con un par de herramientas y alambre logró acomodarla como para poder llegar a la Pousada, despues como volver sería otro problema con la pesca ya resuelta.

Tras casi 3 horas de recorrida el camino se empezó a selvatizar lenta pero inexorablemente. Cuando cruzamos el último puente que vemos sobre el río Paranaíba sabemos que hemos llegado a destino. Ahí nos bajamos y todos juntos nos sacamos la foto grupal de rigor sobre ese precioso puente que monta las aguas mas cristalinas de la zona.

    
    
    

Y llegamos por fin...

En el complejo Pousada Rio SuiaMicu nos recibe nuestra Teresiña, la jefa del complejo que se encarga de organizar absolutamente todo y dejarnos con la impresión de estar en nuestra segunda casa. El complejo cuenta con cabañas distribuidas alrededor de un quincho con piscina. Cada una de ellas son dobles con baño privado y frigobar, aire acondicionado y agua caliente, todo provisto por los generadores a gasoil instalados en el complejo.

Abrazos de rigor, acomodarnos en la cabaña, armar equipos, ajustar cosas y tomar las primeras cervezas bem geladas chapoteando en la piscina. Ahi si en el agua es el momento en que siempre nos sentimos en casa, en nuestra segunda casa. Algunos se fueron al río a verlo, yo preferi guardarme para mañana cuando bien temprano me vuelva a soprender el Suia Micu.

    

1er día de pesca.

A las 6 de la mañana ya estábamos desayunando con una ansiedad incontrolable. Ya teníamos todos los equipos listos para la batalla. La disposición de guías se hizo por sorteo para que sea justo para todos ya que hay mejores y no tanto. En esta repartija nos tocó Divino, un guía bastante osco, que casi no hablaba y que lo poco que decía no se le entendía. Fue el punto flojo de nuestro viaje, pero es algo que sabíamos que podía ocurrir. Ahí estábamos en ese embarcadero mágico donde se abrían las aguas de este río majestuoso.

Lo primero que noté es que todas las embarcaciones eran nuevas con lo que la ventaja al año anterior era muchísima. Cargamos bártulos y salimos, lamentablemente duramos 5 minutos, el motor dijo basta y tuvimos que volver despacito a fuerza del motor eléctrico. Increíble mal comienzo. Con una hora de retraso, después del cambio de motor, volvimos al agua. Navegamos un buen rato hasta que llegamos a las piedras de la primer curva. Ahí montamos highlander con cuchara giratoria para tentar a los trairones. Tuve dos ataques de pequeños que se soltaron en los primeros saltos, por lo que después de mucho insistir seguimos camino aguas arriba. Al cabo de un rato llegamos a una boquita de laguna que yo ya la tenia fichada del año anterior. Le dije al guía que no entre (ellos tienen la costumbre de entrar directamente en estas pequeñas lagunas sin pescar sus bocas), que la íbamos a pescar antes.

  
    

Salí con un jig peludo blanco de Yará (el mismo que usé el año pasado y que me dio tantas alegrías). No tardó en demostrar su poder, clavando preciosos tucunarés ante cada lance. Los piques eran violentos, precisos y poderosos. Victor puso un happy Popper y empezó a tener algunos ataques logrando sus primeros tucunarés. Su cara lo decía todo, había conocido el poder del tucunaré en todo su esplendor.

La fiesta terminó con dos sorpresotas. Primero tuve la increíble experiencia de clavar una tremenda anguila eléctrica de dos metros con un jig. El problema fue que se enredó en la línea y no había forma de poder liberarla ya que no se la puede tocar (descarga 20000 voltios y te puede matar en un instante). Finalmente después de un intento fallido de poder liberarla, tocó el cuerpo la borda del bote de aluminio que chirrió por la corriente, optamos por cortar la línea y que se vaya con jig y todo, una verdadera lástima.

La segunda sorpresa fue en otro jig tuve un ataque mortífero de tucunaré que llevó línea y todo y entró a correr velozmente hacia el otro lado del bote, ahí Victor tomó real dimensión de lo que son estos bichos y el poder que tienen. El tucunaré presentó finalmente una hermosa pelea, regalándome algo de lo que vine a buscar y que ya tan tempranito lo obtenía. Una vez izado acusó 2,5 kilitos, imaginarse un bichito de 6 kilos como los de Colombia es explosivo.

    
    
  

Una vez agotada la boquita de la laguna entramos a la misma, la recorrimos casi sin suerte y volvimos a salir a río abierto. Estas pasadas las hicimos a todos los paleríos costeros asi como a las sombras debajo de los árboles, todas zonas donde el tucunaré se siente cómodo y acechante. Yo comencé a usar el superbait popper de moro con muy buenos resultados y lo iba alternando con el poderossa de nakamura que tambien venia siendo efectivo. Lo importante era que el lance sea justo donde estaba acechando el tucunaré, despues si el señuelo trabajaba violento y loco era ataque asegurado.

Llegado el mediodía y con el calor apretando nos fuimos al lugar elegido para el almuerzo. En esta oportunidad optamos por juntarnos todos en una costa que los guías tienen prearmada para almorzar diariamente. Ahi fue el reencuentro con anécdotas, chistes y transmisión de la experiencia vivida para ajustar detalles en lo que quedaba de la jornada. El menú fue el infaltable y delicioso tucunaré asado, carne de cebú tambien asada y la que no falta nunca, la farofa. Todo regado de cerveza helada para poder bajar semejante comilona.

    
    

Con la panza llena y cuando empezó a bajar un poquito la intensidad del calor decidimos volver a las pistas. Esta vez, aprovechando que estábamos cerca, nos arrimamos al famoso arroyo de aguas claras, un cauce diminuto y serpenteante de aguas totalmente cristalinas. La consigna acá es ir mirando el fondo del arroyo en busca de los trairones monstruos que descansan en el lugar.

Al rato de entrar, la lancha de adelante con Pato y Gaby vieron una pareja de trairones que venian nadando en el fondo, le tiraron, pero no le pudieron dar justo. Nosotros los vimos y los esperamos, ahi tuve la suerte de embocar el highlander justo en sus narices y tomo uno de los bichitos. Pelea de rigor, presentación y devolución inmediata. No era lo que vinimos a buscar ya que era pequeño, pero por lo menos ya lo habíamos visto.

La recorrida en el interior del cauce fue sin suerte. Vimos algunos muy lindos acovachados entre palerios profundos, pero no quisieron saber nada con los engaños, asi que volvimos a salir a río abierto. Subimos en busca de otro pedrerío donde yo había pescado muy bien trairones el año pasado y pusimos tubira para tentarlos. Lamentablemente no nos entendímos con el guía Divino, que a esta alturo de divino no tenía nada, porque nos ponia directamente a garetear sobre la piedra y no anclados a unos 20 mts. como lo hice el año anterior. No lográbamos hacer trabajar el engaño y eran todos enganches en piedras. Nos volvimos a ir.

La idea final fue regresar a puerto e ir casteando río abierto en sus costas y paleríos. Ahi comenzamos a tener nuevamente actividad utilizando señuelos twitch de subsuperficie. El currisco 90 de nakamura me anduvo de maravillas. Ya llegando a destino le hicimos un par de tiros a las piedras de trairaos sin suerte. No era nuestro día con ellos, por suerte el tucunaré se hizo presente y nos regaló un día genial de pesca. Victor disfrutó a full de esta especie, por lo que cuando a la noche charlamos decidimos darle prioridad, sin dejar de intentar el resto de los peces pescables.

  
  

2do dia de pesca.

Segundo día de pesca y en el desayuno estuvimos analizando en base a lo que contaban el resto de los muchachos cual sería la estrategia del día. La idea era arrancar haciendo las habituales paradas de piedras y bocas de lagunas para ir directamente despues a conocer el precioso Paranaíba. Así pues salimos bajo un amanecer fantástico en busca de la curva pedregosa para ir por el trairao.

Al llegar vimos que ya estaban saliendo un par de lanchas del sector y es que al Divino pareceriera que no le hace mucha gracia salir temprano, una constante de todos los días, entonces para estos puntos de pasada tan específicos llegar tarde es llegar y que el lugar este muy pescado. Así fue nomas, hicimos varios lances casi sin suerte, yo tuve un par de errados muy sutiles y Victor logró clavar su primer trairao, y aunque era pequeño, siempre el primero es el que te queda en el corazón y en los recuerdos.

De ahi nos dirigimos a la boquita de nuestra laguna rendidora que nos duró poco. Apenas llegamos sacamos algunos tucunarés con jigs pero no tardó en salir una de las lanchas desde adentro de la laguna y se acabó la pesca, nuevamente el llegar tarde a los lugares te deja a medio camino. Con el sol a pleno a esta altura decidimos ir directamente a Paranaíba a ver que nos deparaba el destino.

    
    

De ahi directamente nos fuimos al Paranaiba, un arroyo mágico de aguas poco profundas y transparentes. El cauce es apenas perceptible por el desborde del mismo lo que lo transforma en una laguna de aguas turgentes. El recorrido que se puede hacer es inmenso, el año pasado estuvimos todo un día navegándolo. Nosotros esta vez preferimos, a descición de Divino, ir pasando el puente unos 1000 metros mas.

Antes paramos en una sombra bajo un árbol donde se hacia un pozón profundo, trairao nos decía el guía, y ahi nomas nos pusimos a tirarle, yo con tubira y Victor con highlander. No tardó en atacar, una vez a cada uno hasta que Victor logró clavarlo e izarlo a superficie, un pequeño trairao de Paranaiba nos regaló su presencia y su buen augurio. Avanzamos un poco mas y llegamos al famoso puente, intentamos pescarlo buscando algun trairao escondido en sus profundos pilotes sin suerte, asi que seguimos aguas arriba.

Al llegar a una gran curva de 90 grados donde se volvia a formar laguna, Divino apagó el motor, prendió el eléctrico y nos indicó lanzar bajando las aguas. Arrancamos con hélices y paseantes grandes, pero al ratito cambiamos por señuelos mas pequeños y comenzó la fiesta.Con el jumping stick de nakamura era un tiro y mil ataques, los ponía rabiosos a los tucunarés. Victor optó por el Magic Stick y anduvo muy bien tambien, pero el Jumping pescaba 3 a 1. Una verdadera fiesta que aprovechamos recorriendo hasta llegar nuevamente al puente.

  
  

Seguimos pescando desde el puente hasta avanzados en la laguna transparente. El jumping, descubrimos despues, imita perfectamente a un pescadito blanco que cuando es perseguido sale del agua vuela chapotenado en la superficie, obviamente es una de las presas preferidas del tucunaré, de ahí la rabia con la que lo atacaban. Una cosa importante a destacar es la necesidad de moverlos rápido y con furia los señuelos, prueba de ello era ver por lo trasnparente del agua como se acercaban al engaño y si uno por un acto reflejo bajaba la velocidad de recogida para que el tucunaré lo alcance, se daba vuelta y se iba. Solo aceptaban furia incontrolable en el escape de su presa.

El lugar era un lujo para los sentidos, viendo las costas de palmeras y la vegetación tropical que en esta zona solo se ve en el Paranaíba. Seguimos avanzando, pescando y probando algunos artificios parecidos como la prima gold o el ze pepino ambos de zagaia . Terminamos llegando a la boca del Paranaíba con la pesca mas que satisfecha, en el horario de almorzar, por lo que volvimos a la isla a encontrarnos con el resto de la banda en lo que sería el último almuerzo todos juntos en el río.

  
  

Llegamos a la isla a descansar y aprovechamos para volver a charlar e intercambiar opiniones. Algunos habían pescado mejor que otros. Los que se habian dedicado casi con exclusividad al trairao habían conseguido buenas piezas, sobre todo con tubira en las piedras, pero tras mucho esfuerzo. No estaba para nada activo como el año pasado. Nosotros habíamos dedicado el día casi en exclusiva al tucunaré y lo habíamos pasado bomba. Este año no servía ser tibio, la pesca estaba mas difícil y debías elegir bien e insistir con la especie.

Los otros momentos mágicos de la para del almuerzo fueron entretenernos con las tortugas que se acercaban a comer las migajas que tirábamos en el agua. Ahi Marcos, se puso a insistir hasta que logró levantar una con las manos para las fotos. Al ratito y con la panza llena algunos aprovecharon las famosas hamacas paraguayas para disfrutar de la reparadora siesta antes de la segunda parte del día. Nosotros, mientras tanto, planificamos como sería la segunda parte y decidimos intentar al trairao a ver si lográbamos meter algun monstruo.

  
  

Para la tarde arrancamos nuevamente navegando en las transparencias de Aguas Claras. Este arroyo a diferencia de Paranaíba está desbordado solo en los primeros mil metros y resto es un cauce angosto y cerrado con vegetación de árboles tupidos cerrando el paso. Fuimos bastante al fondo sin suerte alguna y retomamos para regresar. Ahí encontramos, en la parte ancha, un pequeño trairao que tomó mi tubira sin dudarlo y se transformó en captura.

Salimos de aguas claras y fuimos a la piedra de la laguna de la torre. En este lugar muchos pescaron bien ya que los trairaos reposan en el fondo pedregozo de este espejo lacunar. Tubiras al agua y al cabo de un rato Victor tuvo un hermoso pique de un trairao de 3,5 kilos, que atacó un highlander verde rabioso. Este trairao sería lo mas grande que pescaríamos nosotros en este viaje. Ya, a partir de mañana, nos dedicaríamos casi con exclusividad al tucunaré.

Aburridos de enganchar en el fondo de piedras, volvimos a río abierto a buscar algun tucunaré costero que apareció espaciadamente. Como estábamos cortos de tiempo y ya se acercaba la hora de volver, le hicimos una pasada a la piedra de la curva donde todos comenzábamos y terminabamos pescando cada día. Ahi tuve un ataque terminado en captura de un trairao mediano que cerró la jornada.

    
    

3er dia de pesca.

Tercer día y cuando estábamos en el muelle a punto de salir Bobby, como buen organizador que es, se acercó a nuestro guía a recomendarle que le ponga mas empeño para que saquemos trairones. La noche anterior lo había comentado como al pasar en la cena que Divino era un guía muy parco y que no estábamos teniendo el feeling necesario. Obviamente no todo es culpa del guía, uno tiene que tratar de no frustrarse y tratar de pedir mas las cosas y no quedarse refunfuñando solo.

En principio la charla surtió efecto y el guia decidió arrancar aguas abajo, cosa poco común, en un pedrerío precioso a unos 300 mts de la posada. Allí lanzamos nuestros highlander al agua tratando de prender algun trairao en su cueva. Al cabo de un rato consegui uno bastante lindo que regaló pelea vigoroza y volvió a sus aposentos. Casi al instante empezamos a ver un montón de bulos en superficie y pensamos que eran trairaos, pero no, eran anguilas eléctricas gigantes que salían a respirar de entre las piedras, un espectáculo increíble porque varias decenas juntitas, un espectáculo que nos corrió del lugar urgente por seguridad.

A partir de allí le pedimos a Divino volver en busca del tucunaré, y asi fuimos tanteando los primeros lugares, principalmente costas a río abierto, en busca de la ansiada presa. Yo arranqué con Jigs como me gusta en esa hora de la mañana, y Victor con algún subsuperficie de nakamura como el magic stick o de borboleta como el stick, señuelos muy rendidores a la hora de buscar esta bella especie.

  
  

Ya para media manaña y con el agua mas caliente empecé a poner mi señuelo preferido para aguas abiertas en Suia Micu, el curisco de nakamura. Este señuelo tiene un nado super errático si se lo stickea con velocidad. Para estos cazadores de presas rápidas es irresistible una acción asi de veloz y desesperada, por lo que empecé a tener buena actividad en distintos ámbitos.

La zona ideal era los paleríos de la costa donde lo importante era caer bien entre los palos para que el tucunaré saliera a cazar desde ahí. Otro lugar ideal es la sombra que proporciona alguna copa de árbol que sobresalga de la costa, ahí, aunque el tiro es muy dificil de meter, si se lograba ingresar con el señuelo era casi seguro ataque. Así transcurrió la mañana con tucunarés medianitos cada tanto, si se encontraba el lugar y el tiro justo.

Para este día y para evitar la pérdida de tiempo de tener que navegar hasta un punto de encuentro, optamos por las viandas, por lo que nos arremesamos a una zona donde podríamos bajar con la lancha a comer. Arroz con carne en tiras y la infaltable farofa hicieron de este momento de relax, memorable. No hay nada mas lindo que descansar a la sombra de un árbol en medio de esta naturaleza inconmensurable, entendiendo que pequeño somos y que necesaria es la paz verde.

  
  

Con la panza llena analizamos la situación y surgió nuevamente la idea de ir a Paranaíba. Queriamos otra dosis de maravilloso paisaje y tucunarés al por mayor. Asi que encaramos la boca de este magno arroyo y continuamos subiendo su cauce apenas perceptible en la inmensidad de su desborde. Al cabo de unos minutos llegamos nuevamente al puente.

Esta vez no seguimos subiendo y bajamos pescando desde ahí. La primera vez pescamos desde muy lejos hasta el puente y despues casi que salimos por el horario. Hoy pescariamos esa parte del rio, hasta la boca. Los resultados fueron los mismos, en cuanto encontramos el timming de lanzamiento y la velocidad de recogida comenzaron los ataques y las capturas. Todo en subsuperficie y en superficie, los pequeños eran voraces como solo ellos pueden serlo. Probé hélices como la jet 90 de nakamura.

    
    

Avanzando en el arroyo y llegando a la boca los piques no se acababan nunca. De a ratos costaba un poco encontrarlos pero una vez que le pegábamos el lugar explotaba de ataques. Ya ahi pude probar varios señuelos destacándose la prima dupla acción de zagaia. Mientras tanto Victor disfrutaba de cada ataque al junping minnow infalible de nakamura, que señuelo espectacular para el tucunaré.

Al llegar a la boca vimos que era hora de comenzar a retornar a puerto. Un día a pleno tucunaré, tanto a río abierto a la mañana como en el infalible arroyo Paranaíba. Al pasar le tiramos unos tiros a la piedra de pasada del trairao pero sin suerte. El tercer día había pasado con lo que pasamos ese medio invisible de la salida y comenzábamos la cuenta regresiva para el regreso.

Al llegar a puerto hubo, como siempre, mil anecdotas e historias de pesca. Todos venían pescando bien, algunos mejor que otros, pero todos conformes. Los que se dedicaron a buscar el trairao con carnada lo encontraron, los que buscamos darle al tucunaré a pleno tambien. Dentro de las cosas que se contaron estuvieron los Larrondo que fueron a una laguna totalmente inaccesible salvo que el guía le ponga un merito único. Allí encontraron los tucunarés mas grandes de la zona, pero esa es otra historia para mañana, porque hacia ahi iríamos nosotros.

    
    

4to dia de pesca.

Cena del tercer día de pesca y como conté, los Larrondo, relatan su experiencia entrando en una laguna totalmente inaccesible. El panorama que presentaron fue de un esfuerzo tremendo tanto del guía como de sus guiados para acceder por tierra primera y a traves de un mar de palos raices despues, a unas lagunas encadenadas donde pescaron tucunarés mas que respetables para la zona. Ahí Bobby nos tira si no queríamos ir, le decimos que por supuesto y ahi se armó el tándem. Como el lugar es relativamente chico mas de dos botes en la zona lo haría demasiado castigado, asi que quedamos sólo Bobby y Sergio por un lado y Victor y yo por el otro.

A la mañana, cuando ya vamos a partir, Bobby nos dice que desiste de ir porque lo ve complicado para Sergio y sus problemas físicos. Cambio de lancha y se nos suma a nosotros Gaby Villarino y el Nono. Asi pues partimos para llegar a una de las pocas barrancas altas de la zona, ahi con muca destreza y esfuerzo, los guías y un ayudante que vino con nosotros, lograron subir las dos embarcaciones, para despues, con mucha paciencia y esfuerzo, llevarlas por un camino de tierra en la junga, hasta la boquita de un arroyo a un kilómetro aprox.

Ya con los botes nos adentramos dentro del arroyo y ahi si tomamos dimensión de la locura que estábamos haciendo. El cauce no tenia en su gran mayoría de recorrido, mas de 50 cm de agua, y todo era de palos, piedras y raices en superficie. Tardamos mas de una hora para desandar ese camino, donde el motor se forzaba a mil revoluciones en cada esfuerzo y cuando ya no podía, el guía se bajaba a empujar la lancha para destrabarla, una verdadera locura.

Con esfuerzo llegamos a la primer laguna a la que pasamos de largo para volver a meternos en otro cauce igual o peor al anterior, unos minutos despues, la segunda laguna se presentó, tambien la volvimos a pasar para meternos en otro infierno de palos sumergidos para, ahora si, por fin llegar a la tercer laguna y dar por terminada esta parte de la expedición salvaje.

  
  

Al salir a la tercer laguna nos encontramos con un panorama que no esperábamos, el viento. Eolo estaba furibundo, soplando a travez de la laguna con fuerza lo que no permitía hacer buenos lances, mantenerse cómodo parado en la embarcación ni trabajar bien señuelos en superficie, vital para pescar tucunarés. Así pues decidimos ir para el fondo de la laguna donde se armaba como un pequeño bosque hundido que daba buen reparo en algunas zonas.

Comenzamos los lances y al cabo de un par de tiros tuve una hermosa captura con un Brava 110 de Marine Sports. Así pues le fuimos recorriendo este laberíntico manglar donde cada tanto y en lugares específicos donde el viento no llegaba teníamos actividad, algun pique y captura. Los chicos del otro bote nos seguian teniendo alguna buena captura usando el trairao de imakatsu. Al ver esto lo puse y tuve buenos ataques, pero no pude levantar ninguno.

Victor encontró el timing con el jumping stick de nakamura y comenzó a tener actividad. Yo decidi cambiar a un jig pelo blanco de Yara y obtuve alguna pieza de mejor tamaño y hasta una pequeña y hermosa barracuda de agua dulce. La cosa seguia igual de difícil asi que con el viento castigando sin piedad decidimos dar por terminada la recorrida de este espejo.

  
  

De nuevo a recorrer palerío y poca agua para desandar el camino hasta la segunda laguna. Ahi nos largamos en garete por el medio ya que el viento había bajado un poco en intensidad y tuvimos la mejor racha del día. Muchos peces con señuelitos de subsuperficie y jigs. Ninguno del tamaño que habíamos venido a buscar pero........

Si pero, porque en un lance con un curisco tengo un ataque violento que clavo y que me empieza a sacar línea. A esto era lo que vinimos a buscar, un tucunaré respetable que venda cara la derrota. Saltó solamente un par de veces, pero con eso alcanzó para medir su potencia, no se resignaba y mi reel chirriaba al liberar multi a regañadientes, pero estaba bien clavado asi que fue cuestión de tiempo para que se entregara y asi apareció el chanchito de 3 kilos y 58 cm que seria el mas grande de mi viaje.

La lagunita la seguimos pescando con muchos piques y ataques de peces pequeños, ninguno de la talla de la bestia del día, asi que ahi hicimos un alto en la huella y nos fuimos a almorzar al reparo de los árboles de la costa, carne, arroz, feishon y farofa a granel, regado de brahmas inacabables para repasar un poco la buena jornada con los otros chicos que venían haciendo una pesca parecida a la nuestra.

    
  

Terminado el almuerzo arrancamos hacia la última laguna, que es la primera de las encadenadas. En esta laguna nos volvió a castigar de a ratos el viento, obligándonos a elegir las zonas de pesca. Así el fuimos sacando algunos peces, ninguno de gran tamaño, pero en general la media era la del río abierto, con sorpresas mayores.

Así casi en la boca de salida, Victor tuvo un pique violento y empezó el samba, corrió para aquí, corrió para allá, con un jig doble cola roja de Yara en la boca. Ahí si le pude ver la cara de feliz cumpleaños a mi compañero al recibir la dosis final de tucunaresitis, ya estaba infectado y esta enfermedad no tiene cura. Lo violento, rápido y explosivo del pique del tucunaré no lo tiene ningun otro pez que yo haya pescado hasta ahora. Victor levantó su presa que acusó 2,5 kilitos, su trofeíto ya estaba, que mas pedir. En el mismo instante, en la lancha de al lado Gaby mete otra vaquita como la nuestra por lo que ese dato de que acá había pescado grande se terminó de confirmar.

Le dimos un par mas de vueltas a la laguna con buenos piques y ataques pero nada destacado. El día se había terminado cumpliendose la profecía de buena pesca y algunos buenos peces. Quizas sin viento, la pesca hubiera sido apoteótica y tendríamos mas grandotes en el haber, pero para como comenzó el día, no nos podemos quejar ni un poquito, salvamos mas que las ropas y tuvimos nuestros trofeos.

Regreso palo y palo entre el mar de raices hasta que por fin llegamos a destino. Cargamos botes, bártulos, motores, etc y a desandar el kilómetro de tierra hasta la barranca, donde esperamos que viniera otro guía con una hélice nueva porque la nuestra estaba totalmente detonada. Así, bajo un atardecer único, dimos por concluída la penúltima jornada de este viaje maravilloso a las aguas misteriosas del Matogrosso.

    
  

5to dia de pesca.

Y ahora si, llegó el día final de pesca. En la noche anterior entre charlas y cervezas fuimos escuchando a todos y definiendo estrategias para la jornada final. Lo que acordamos con Victor fue hacerle una pasadita cortita a las piedras de los trairao, ver si Aguas Claras mostraba algo de actividad y sino veiamos nada, directamente a Paranaiba a despedirnos todo el día pescando muchos tucunarés en superficie.

En la primera piedra nada, llegamos a Aguas Claras y nada, fuimos a la laguna de piedra de la torre y nada. Fueron dos horas de búsqueda intensa pero sin perder demasiado tiempo. Finalmente sin lograr ataques, salvo una piraña que atacó arteramente un daiwa dt super crank paleta larga, nos fuimos directamente a navegar el Paranaíba. Lo navegamos lento y constante para disfrutar toda la belleza de su cauce y sus vistas. Esta vez fuimos mas lejos aún que la primera vez con la idea de pescarlo lo mas posible, cuando llegamos bastante al fondo nos cruzamos con la lancha de Pato y Gaby que venían volviendo, nos dicen que fueron mas al fondo aún y que nada, asi que se iban a río abierto.

Nuestra fe no se empañó y nos largamos desde ahi mismo. El viento soplaba bastante y nos hacía trabajar los tiros buscando el lugar, pero no tardamos en tener respuesta. Los pequeños tucunarés atacaban violentamente, sobre todo si los buscábamos en pequeñas correderas que se formaban en zonas donde el cauce estaba desbordado formando una pequeña laguna. Allí donde el agua corria cayendo al arroyo los tucunarés acechaban esperando comida.

    
    

El pique no cedía por nada y era impresionante la cantidad de ataques de pequeños tucunarés que teníamos. En el agua clara se los veia como encaraban con violencia contra nuestros artificios, de a dos, tres o cuatro juntos, comoo les gustas cazar. Ahora si le frenábamos un poco el señuelo, se daban vuelta y se iban como si nunca lo hubieran visto, tremendo pez.

Lo que no se había dado aún en el Paranaíba era algun tucunaré de mayor porte, que tambien los hay, porque seguramente los chicos no dejan que llegue a comer con la voracidad que tienen. Pero, como siempre, a última hora y sin perder la fé, aparecen los milagros, en un tiro jugado abajo de una rama hundida tengo un ataque violentísimo a mi lele de borboleta cola roja, y a correr. El muy guacho ni saltó, señal de tamaño, y encaró directamente abajo de una mata grande de pasto contra la costa, lo prepeé un poco y se abrió al medio del arroyo y a disfrutarlo.

Una vez en la lancha acusó arriba de los dos kilitos y medio, un verdadero y respetable peso para este arroyo, y casi podríamos decir de los lindos de suia micu. Un regalito que nos permitió dar por terminada la media jornada y buscar reparo para almorzar.

    
  

Paramos a almorzar en la costa pegada al puente. Un plato de carne asada con farofa y un menjunje tipo criolla. Ahi mismo, mientras hacíamos la digestión disfrutamos de un par de ataques, y volvimos a navegar. Ya en una curva donde vimos buena actividad nos arrimamos de nuevo a la costa porque el sol era implacable, y nos amarramos bajo un gran árbol..

Desde ahí lanzabamos a la costa de enfrente y el frenesí de ataques era tremendo, tiraban, erraban, volvian a atacar hasta que se trasformaban en presa. Un rush de pesca en el que levantamos no menos de veinte pescados cada uno, realmente una locura infinita, anclados a la sombra. Con el sol en baja y con bastante distancia que recorrer terminamos de hacer el garete hasta salir a la boca del Paranaíba. La cantidad de peixes que nos dió el último día fue apoteótica, realmente apoteótica.

Regresamos a puerto desandando por última vez las aguas transparentes del Suia Micu. El recuerdo que nos deja es la sensación de seguir refrendando el amor mutuo que ha surgido entre nosotros, amor a primera vista, amor eterno. Victor tambien ha quedado infestado del virus amazónico y, sobre todo, del virus tucunaré, algo que no lo va a poder curar nunca en su vida.

    
    

Algunas fotos mas y despedida.

Si hablamos del resto de los chicos que nos acompañaron en esta tremenda aventura, todos pescaron bien. Todos lograron lo que vinieron a buscar, algunos con mas suerte que otros, pero nadie se vuelve sin su trofeo o su rush de pesca, el río Suia Micu siempre paga a sus navegantes. Yo particularmente no tuve el pescón de trairaos del año pasado, pero si tuve una mejor pesca de tucunarés, tanto en calidad como en cantidad.

Asi nos despedimos de este mágico lugar al que seguramente volveré a visitar en un futuro no muy lejano. Van fotitos del resto del grupo y algunas capturas.

     
     
     
     

Notas Recomendadas

Por que devolver

Muchas veces se discute si el pescador deportivo es realmente el culpable o no de la depredación de nuestros peces. Muchas veces llegamos a la conclusión que no. Esto no nos exime de la responsabilidad que tenemos de cuidar el recurso que tanta vida nos da.

Un pez devuelto es quizas la futura captura de tu hijo

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