La magia continúa

Posteado el 18 Ago 2019 por Walter Marquez   |   ,   

Hace algunos años soñaba con alguna vez poder ir a pescar a algún lugar lejano, de esos que sólo se veían en las revistas de pesca y que significaban la meca de cualquier pescador deportivo. Unos años más acá, en medio de la crisis que significó el 2014 y que me dejó sin trabajo después de 14 años, tomé la decisión de cumplir ese sueño viajando a Colombia a pescar una semana ese río mágico llamado Bita. El año pasado, en medio de un ataque de audacia, volví a viajar, esta vez a Brasil a pescar trairones amazónicos, sin compañero fijo de pesca, pero de la mano del amigo Bobby, organizador impecable de este tipo de servicios.

Un año después, en este 2019, logré convencer a mi amigo Victor, compañero de pesca infaltable, a que tome coraje, acomode el trabajo y que vayamos en busca de los sueños que tanto nos desvelan. Así nació esta nueva aventura, al mismo lugar que el año pasado y que me dejó totalmente enamorado…..SuiaMicu 2019, la magia continúa. Con la ayuda de Bobby para organizarnos económicamente en la forma de pagar, se me hizo medianamente fácil y razonable. Así llegamos nuevamente al 10 de Agosto, casi como la misma fecha del año anterior, donde nos encontramos los 16 locos nuevos que participarían en este casi viaje de egresados. Del año pasado repetirían Ale Pineyro, Marianito Sassone, Sergio Doret, Bobby Bermudez y quien escribe. Sumamos este año a mi compa de siempre Victor Gonzalez, Nestor Saavedra, procer del periodismo pesqueril, los Larrondo (Adolfo padre y Gustavo hijo), Gaby Villarino, Pato Balatti, Gustavo Vizcarra alias el Nono, Cristobaly Sergio de Paraná, Charly, hermano de Bobby y Marcos, sobrino de Bobby.

Toda esa banda produjo esa magia increíble que la pesca puede dar. Encontrarse en un aeropuerto, saludarse como si se conocieran de toda la vida y disfrutar 8 días juntos sin un si ni un no, donde las diferencias de clase, intelectualidad, gustos, etc. Pasa a un plano que no existe, porque ahí somos simplemente 16 locos pescando juntos. Y asi fue que en Ezeiza nos distinguimos fácilmente de cualquier otro pasajero y nos reconocemos casi inmediatamente por la maroma de tubos portacañas de 2 mts de altura que acompaña a cada dupla. Los saludos de rigor se acompañaron de fotos y de ansiedades dispuestas y superpuestas a sueños venideros.

   

El viaje fue placentero hasta Brasilia sobre un 737-800 de la aerolínea Gol. Ya en destino nos dirigimos a la empresa de alquiler de autos Unidas donde teníamos reservadas 4 Fiat Doblo. Como al llegar no tenían esos autos tuvimos la suerte que nos terminaran dando unas WV TIGUAN a cambio, terribles naves espaciales para ese largo viaje de casi 900 km que comenzábamos en ese momento.

El viaje en auto por nuestra cuenta tiene ese encanto de elegir donde parar, perderse en la ruta, equivocarnos y entrar en esos pequeños pueblos del Brasil profundo. La recorrida salía de Brasilia para recorrer el estado de Goias y terminar en el estado de MatoGrosso. Toda una aventura de conocimiento de ese Brasil antiguo que se conserva en el interior. Inclusive nuestro auto donde íbamos Bobby, Mariano, Victor y yo tuvo la suerte de perderse y encontrar una pequeña pero muy bien provista casa de pesca, que depredamos en 20 minutos que estuvimos ahí.

La recorrida rutera por el centro de Brasil nos invitó a conocer, mas no sea por instantes, lugares como Anopolis, Goiania, Nova Veneza con su hermosísima Iglesia o Barra do Garca donde nos quedaríamos a dormir a la vuelta del viaje. La mirada que nos regalan estos pueblos o pequeñas ciudades es de casas bajas en el típico ambiente brasileño de los años 80 con calor, mucho calor y comida bien brasileña regada de cerveza y arroz con feijoada por doquier.

Llegada a Querencia, el último pueblo antes de embarcarnos en el mato. Elegimos el hotel Portal do Xingu, el mejor de la zona y altamente recomendable, donde descansamos relajademente hasta el otro día donde nos embarcaríamos en el último y mas intenso tramo del viaje.

   
  
    

Los 200 km de tierra con el final bien adentrado en el ambiente selvático le dan mas mística a este viaje. Para guiarnos y no perdernos en esta parte complicada del viaje se acercó desde la Pousada uno de sus guías, Rafael, que es uno de los mas simpaticos y buena onda de los muchachos. El camino era bien de tierra colorada y seca atravesando varias facendas y sus plantios que a esta altura del año, con la seca, eran todos campos ya cosechados. Al cabo de un rato nos dimos cuenta que la camioneta que traia a Ale, Gaby y los Larrondo había desaparecido, cuando finalmente volvimos sobre nuestros pasos la encontramos parada en el camino....cagamos dijimos.

Despues de las miradas de rigor los muchachos con mas conocimiento dieron el veredicto, se había roto la barra estabilizadora de la suspensión delantera. Por suerte paró un camionero brasilero que con un par de herramientas y alambre logró acomodarla como para poder llegar a la Pousada, despues como volver sería otro problema con la pesca ya resuelta.

Tras casi 3 horas de recorrida el camino se empezó a selvatizar lenta pero inexorablemente. Cuando cruzamos el último puente que vemos sobre el río Paranaíba sabemos que hemos llegado a destino. Ahí nos bajamos y todos juntos nos sacamos la foto grupal de rigor sobre ese precioso puente que monta las aguas mas cristalinas de la zona.

    
    
    

Y llegamos por fin...

En el complejo Pousada Rio SuiaMicu nos recibe nuestra Teresiña, la jefa del complejo que se encarga de organizar absolutamente todo y dejarnos con la impresión de estar en nuestra segunda casa. El complejo cuenta con cabañas distribuidas alrededor de un quincho con piscina. Cada una de ellas son dobles con baño privado y frigobar, aire acondicionado y agua caliente, todo provisto por los generadores a gasoil instalados en el complejo.

Abrazos de rigor, acomodarnos en la cabaña, armar equipos, ajustar cosas y tomar las primeras cervezas bem geladas chapoteando en la piscina. Ahi si en el agua es el momento en que siempre nos sentimos en casa, en nuestra segunda casa. Algunos se fueron al río a verlo, yo preferi guardarme para mañana cuando bien temprano me vuelva a soprender el Suia Micu.

    

1er día de pesca.

A las 6 de la mañana ya estábamos desayunando con una ansiedad incontrolable. Ya teníamos todos los equipos listos para la batalla. La disposición de guías se hizo por sorteo para que sea justo para todos ya que hay mejores y no tanto. En esta repartija nos tocó Divino, un guía bastante osco, que casi no hablaba y que lo poco que decía no se le entendía. Fue el punto flojo de nuestro viaje, pero es algo que sabíamos que podía ocurrir. Ahí estábamos en ese embarcadero mágico donde se abrían las aguas de este río majestuoso.

Lo primero que noté es que todas las embarcaciones eran nuevas con lo que la ventaja al año anterior era muchísima. Cargamos bártulos y salimos, lamentablemente duramos 5 minutos, el motor dijo basta y tuvimos que volver despacito a fuerza del motor eléctrico. Increíble mal comienzo. Con una hora de retraso, después del cambio de motor, volvimos al agua. Navegamos un buen rato hasta que llegamos a las piedras de la primer curva. Ahí montamos highlander con cuchara giratoria para tentar a los trairones. Tuve dos ataques de pequeños que se soltaron en los primeros saltos, por lo que después de mucho insistir seguimos camino aguas arriba. Al cabo de un rato llegamos a una boquita de laguna que yo ya la tenia fichada del año anterior. Le dije al guía que no entre (ellos tienen la costumbre de entrar directamente en estas pequeñas lagunas sin pescar sus bocas), que la íbamos a pescar antes.

  
    

Salí con un jig peludo blanco de Yará (el mismo que usé el año pasado y que me dio tantas alegrías). No tardó en demostrar su poder, clavando preciosos tucunarés ante cada lance. Los piques eran violentos, precisos y poderosos. Victor puso un happy Popper y empezó a tener algunos ataques logrando sus primeros tucunarés. Su cara lo decía todo, había conocido el poder del tucunaré en todo su esplendor.

La fiesta terminó con dos sorpresotas. Primero tuve la increíble experiencia de clavar una tremenda anguila eléctrica de dos metros con un jig. El problema fue que se enredó en la línea y no había forma de poder liberarla ya que no se la puede tocar (descarga 20000 voltios y te puede matar en un instante). Finalmente después de un intento fallido de poder liberarla, tocó el cuerpo la borda del bote de aluminio que chirrió por la corriente, optamos por cortar la línea y que se vaya con jig y todo, una verdadera lástima.

La segunda sorpresa fue en otro jig tuve un ataque mortífero de tucunaré que llevó línea y todo y entró a correr velozmente hacia el otro lado del bote, ahí Victor tomó real dimensión de lo que son estos bichos y el poder que tienen. El tucunaré presentó finalmente una hermosa pelea, regalándome algo de lo que vine a buscar y que ya tan tempranito lo obtenía. Una vez izado acusó 2,5 kilitos, imaginarse un bichito de 6 kilos como los de Colombia es explosivo.

    
    
  

Una vez agotada la boquita de la laguna entramos a la misma, la recorrimos casi sin suerte y volvimos a salir a río abierto. Estas pasadas las hicimos a todos los paleríos costeros asi como a las sombras debajo de los árboles, todas zonas donde el tucunaré se siente cómodo y acechante. Yo comencé a usar el superbait popper de moro con muy buenos resultados y lo iba alternando con el poderossa de nakamura que tambien venia siendo efectivo. Lo importante era que el lance sea justo donde estaba acechando el tucunaré, despues si el señuelo trabajaba violento y loco era ataque asegurado.

Llegado el mediodía y con el calor apretando nos fuimos al lugar elegido para el almuerzo. En esta oportunidad optamos por juntarnos todos en una costa que los guías tienen prearmada para almorzar diariamente. Ahi fue el reencuentro con anécdotas, chistes y transmisión de la experiencia vivida para ajustar detalles en lo que quedaba de la jornada. El menú fue el infaltable y delicioso tucunaré asado, carne de cebú tambien asada y la que no falta nunca, la farofa. Todo regado de cerveza helada para poder bajar semejante comilona.

    
    

Con la panza llena y cuando empezó a bajar un poquito la intensidad del calor decidimos volver a las pistas. Esta vez, aprovechando que estábamos cerca, nos arrimamos al famoso arroyo de aguas claras, un cauce diminuto y serpenteante de aguas totalmente cristalinas. La consigna acá es ir mirando el fondo del arroyo en busca de los trairones monstruos que descansan en el lugar.

Al rato de entrar, la lancha de adelante con Pato y Gaby vieron una pareja de trairones que venian nadando en el fondo, le tiraron, pero no le pudieron dar justo. Nosotros los vimos y los esperamos, ahi tuve la suerte de embocar el highlander justo en sus narices y tomo uno de los bichitos. Pelea de rigor, presentación y devolución inmediata. No era lo que vinimos a buscar ya que era pequeño, pero por lo menos ya lo habíamos visto.

La recorrida en el interior del cauce fue sin suerte. Vimos algunos muy lindos acovachados entre palerios profundos, pero no quisieron saber nada con los engaños, asi que volvimos a salir a río abierto. Subimos en busca de otro pedrerío donde yo había pescado muy bien trairones el año pasado y pusimos tubira para tentarlos. Lamentablemente no nos entendímos con el guía Divino, que a esta alturo de divino no tenía nada, porque nos ponia directamente a garetear sobre la piedra y no anclados a unos 20 mts. como lo hice el año anterior. No lográbamos hacer trabajar el engaño y eran todos enganches en piedras. Nos volvimos a ir.

La idea final fue regresar a puerto e ir casteando río abierto en sus costas y paleríos. Ahi comenzamos a tener nuevamente actividad utilizando señuelos twitch de subsuperficie. El currisco 90 de nakamura me anduvo de maravillas. Ya llegando a destino le hicimos un par de tiros a las piedras de trairaos sin suerte. No era nuestro día con ellos, por suerte el tucunaré se hizo presente y nos regaló un día genial de pesca. Victor disfrutó a full de esta especie, por lo que cuando a la noche charlamos decidimos darle prioridad, sin dejar de intentar el resto de los peces pescables.

  
  

2do dia de pesca.

Segundo día de pesca y en el desayuno estuvimos analizando en base a lo que contaban el resto de los muchachos cual sería la estrategia del día. La idea era arrancar haciendo las habituales paradas de piedras y bocas de lagunas para ir directamente despues a conocer el precioso Paranaíba. Así pues salimos bajo un amanecer fantástico en busca de la curva pedregosa para ir por el trairao.

Al llegar vimos que ya estaban saliendo un par de lanchas del sector y es que al Divino pareceriera que no le hace mucha gracia salir temprano, una constante de todos los días, entonces para estos puntos de pasada tan específicos llegar tarde es llegar y que el lugar este muy pescado. Así fue nomas, hicimos varios lances casi sin suerte, yo tuve un par de errados muy sutiles y Victor logró clavar su primer trairao, y aunque era pequeño, siempre el primero es el que te queda en el corazón y en los recuerdos.

De ahi nos dirigimos a la boquita de nuestra laguna rendidora que nos duró poco. Apenas llegamos sacamos algunos tucunarés con jigs pero no tardó en salir una de las lanchas desde adentro de la laguna y se acabó la pesca, nuevamente el llegar tarde a los lugares te deja a medio camino. Con el sol a pleno a esta altura decidimos ir directamente a Paranaíba a ver que nos deparaba el destino.

    
    

De ahi directamente nos fuimos al Paranaiba, un arroyo mágico de aguas poco profundas y transparentes. El cauce es apenas perceptible por el desborde del mismo lo que lo transforma en una laguna de aguas turgentes. El recorrido que se puede hacer es inmenso, el año pasado estuvimos todo un día navegándolo. Nosotros esta vez preferimos, a descición de Divino, ir pasando el puente unos 1000 metros mas.

Antes paramos en una sombra bajo un árbol donde se hacia un pozón profundo, trairao nos decía el guía, y ahi nomas nos pusimos a tirarle, yo con tubira y Victor con highlander. No tardó en atacar, una vez a cada uno hasta que Victor logró clavarlo e izarlo a superficie, un pequeño trairao de Paranaiba nos regaló su presencia y su buen augurio. Avanzamos un poco mas y llegamos al famoso puente, intentamos pescarlo buscando algun trairao escondido en sus profundos pilotes sin suerte, asi que seguimos aguas arriba.

Al llegar a una gran curva de 90 grados donde se volvia a formar laguna, Divino apagó el motor, prendió el eléctrico y nos indicó lanzar bajando las aguas. Arrancamos con hélices y paseantes grandes, pero al ratito cambiamos por señuelos mas pequeños y comenzó la fiesta.Con el jumping stick de nakamura era un tiro y mil ataques, los ponía rabiosos a los tucunarés. Victor optó por el Magic Stick y anduvo muy bien tambien, pero el Jumping pescaba 3 a 1. Una verdadera fiesta que aprovechamos recorriendo hasta llegar nuevamente al puente.

  
  

Seguimos pescando desde el puente hasta avanzados en la laguna transparente. El jumping, descubrimos despues, imita perfectamente a un pescadito blanco que cuando es perseguido sale del agua vuela chapotenado en la superficie, obviamente es una de las presas preferidas del tucunaré, de ahí la rabia con la que lo atacaban. Una cosa importante a destacar es la necesidad de moverlos rápido y con furia los señuelos, prueba de ello era ver por lo trasnparente del agua como se acercaban al engaño y si uno por un acto reflejo bajaba la velocidad de recogida para que el tucunaré lo alcance, se daba vuelta y se iba. Solo aceptaban furia incontrolable en el escape de su presa.

El lugar era un lujo para los sentidos, viendo las costas de palmeras y la vegetación tropical que en esta zona solo se ve en el Paranaíba. Seguimos avanzando, pescando y probando algunos artificios parecidos como la prima gold o el ze pepino ambos de zagaia . Terminamos llegando a la boca del Paranaíba con la pesca mas que satisfecha, en el horario de almorzar, por lo que volvimos a la isla a encontrarnos con el resto de la banda en lo que sería el último almuerzo todos juntos en el río.

  
  

Llegamos a la isla a descansar y aprovechamos para volver a charlar e intercambiar opiniones. Algunos habían pescado mejor que otros. Los que se habian dedicado casi con exclusividad al trairao habían conseguido buenas piezas, sobre todo con tubira en las piedras, pero tras mucho esfuerzo. No estaba para nada activo como el año pasado. Nosotros habíamos dedicado el día casi en exclusiva al tucunaré y lo habíamos pasado bomba. Este año no servía ser tibio, la pesca estaba mas difícil y debías elegir bien e insistir con la especie.

Los otros momentos mágicos de la para del almuerzo fueron entretenernos con las tortugas que se acercaban a comer las migajas que tirábamos en el agua. Ahi Marcos, se puso a insistir hasta que logró levantar una con las manos para las fotos. Al ratito y con la panza llena algunos aprovecharon las famosas hamacas paraguayas para disfrutar de la reparadora siesta antes de la segunda parte del día. Nosotros, mientras tanto, planificamos como sería la segunda parte y decidimos intentar al trairao a ver si lográbamos meter algun monstruo.

  
  

Para la tarde arrancamos nuevamente navegando en las transparencias de Aguas Claras. Este arroyo a diferencia de Paranaíba está desbordado solo en los primeros mil metros y resto es un cauce angosto y cerrado con vegetación de árboles tupidos cerrando el paso. Fuimos bastante al fondo sin suerte alguna y retomamos para regresar. Ahí encontramos, en la parte ancha, un pequeño trairao que tomó mi tubira sin dudarlo y se transformó en captura.

Salimos de aguas claras y fuimos a la piedra de la laguna de la torre. En este lugar muchos pescaron bien ya que los trairaos reposan en el fondo pedregozo de este espejo lacunar. Tubiras al agua y al cabo de un rato Victor tuvo un hermoso pique de un trairao de 3,5 kilos, que atacó un highlander verde rabioso. Este trairao sería lo mas grande que pescaríamos nosotros en este viaje. Ya, a partir de mañana, nos dedicaríamos casi con exclusividad al tucunaré.

Aburridos de enganchar en el fondo de piedras, volvimos a río abierto a buscar algun tucunaré costero que apareció espaciadamente. Como estábamos cortos de tiempo y ya se acercaba la hora de volver, le hicimos una pasada a la piedra de la curva donde todos comenzábamos y terminabamos pescando cada día. Ahi tuve un ataque terminado en captura de un trairao mediano que cerró la jornada.

    
    

3er dia de pesca.

En este nuevo día decidí volver a acompañar a Bobby y Sergio en su lancha. Mas allá de los buenos resultados del día anterior, el estar acompañado hace el día mas agradable y divertido, mas con la compañía de estos dos tipos.

Salimos a buscar las piedras donde arrancamos el primer día pero esta vez en la costa de enfrente donde hay una gran arboleda y muchas piedras. Salimos los tres con una variante bien distinta, highlander con cucharita de goma por delante. La idea era buscar los grandes trairones que viven metidos dentro de cuevas naturales que se forman entre el fondo terriblemente pedregoso del río.

Estuvimos un largo rato hasta que comenzamos a tener ataques, tímidos por cierto, que obligaban a tener paciencia porque clavábamos y al primer salto soltaban la goma. Ajustamos los tiempos de clavada y apareció el primer chancho. El amigo Bobby metió un tremendo trairao que acusó 9 kilos en el boga grip. Los saltos que pegó y la sensación de ver por primera vez un animal asi siendo izado del agua es indescriptible. Bien por Bobby.

Al rato me tocó levantar mi primer trairao del día bastante pequeño por cierto, pero que pagó la insistencia en el lugar. El amigo Bobby sigió dando cátedra de esta pesca habida cuenta de ser quien mas veces ha venido a este lugar a buscarlos. para cerrar Sergio se le fue uno hermoso cuando lo iba a izar, una lástima.

Asi pues nos fuimos a navegar bastante lejos en busca de algunos tucunares, pero no dieron el presente, cosa rara, pero que puede pasar no encontrábamos el timing para tentar a la especie. Con esto llegó el mediodía y paramos a almorzar en una isla donde los parceiros nos hicieron carne asada y tucunaré que proveyeron los chicos de las otras dos lanchas que nos encontramos, esta vez de Daniel y René una, Franco y Duc la otra.

    
    

Despues de saludar a las tortugas que se acercaron a la costa a comer nuestras sobras y dormir una buena siesta. Volvimos al ruedo a buscar tucunares esquivos y trairones ausentes. Recorrimos un par de bocas de lagunas hasta que decidimos meternos en una donde un palerío impresionante marcaba toda la costa.

En esta zona y viendo que la única opción era pescar en superficie yo opté con una variante que no veníamos usando que era la hélice. Asi que puse una hermosa jennerlure, la mas pequeña de 9 cm. La idea era ir variando en los lugares la velocidad de recogida ya que para los tucunarés la forma efectiva es hacerlo de forma violenta y rapidísima, pero para el trairon lo ideal es hacerlo un poco mas cadencioso.

Despues de un rato largo de no actividad, en la traída lenta y casí cuando lo frenaba tengo un ataque sutil desde abajo que cañé con fuerza. Ahí sentí que era un lindo pescadito que presentaba batalla y el guia dice es trairao. Era una pelea normal hasta que se le ocurrió hacer su primer salto, una tremenda vaca, era mi sueño, lo que vine a buscar. La tensión fue tremenda, no quería que saltara pero el pez no aflojaba y saltaba una y otra vez. Me paseó un buen rato hasta que aflojó y lo pudimos subir con el copo. Sueño cumplido!

Ya siendo casi el cierre del dá nos fuimos a buscar tucunares a río abierto contra las costas y algunos pudimos engañar con nuestros artificiales, yo principalmente usando el currisco de nakamura, un hermoso twitchbaits que enloquece a estos predadores. Cerramos el día llegando a destino, muy contentos a celebrar un gran día, dificil, pero con el sueño cumplido.

    
    

4to dia de pesca.

Nuevo día y volvemos a la estrategia de sallir sólo con el guía. Esto aliviana a los chicos de no pescar tan apretados en una lancha tres personas y de paso, aprendo a pescar solo que tambien va teniendo sus encantos. El desafío de pescar solo permite entender algunos puntos de la pesca que acompañado no vemos, leer mas el río, pensar mas los tiros y tomar mejores desciciones ya que no tenes quien balancee todo esto arriba de la lancha, salvo el guía que no decía mucho y lo que decia no se lo entendía.

La estrategia del dia era navegar bien lejos para ir a aguas claras. Este increíble espejo de agua es un arroyo serpenteante que recorre muchísimos kilómetros bajo un paisaje maravillos. Pero si mas grande característica es la cristalinidad de sus aguas. La pesca se suele hacer a pez visto navegando lentamente buscando los pozones profundos donde las inmensas hoplias aimara reposan.

Entramos dos lanchas y nosotros desde atrás logramos un par de piques remisos pero no encontrábamos al pez. Lo que me imaginé era que al estar pescando a unos metros detrás de otra lancha se iba a complicar para encontrarlas por lo que decidimos adelantarnos unos cientos de metros navegando en ese laberíntico lugar. Al cabo de un rato, en un pozón, nos anclamos y lanzamos tubira (una especie de morena) al fondo. No tardamos ni diez minutos y un hermoso trairao se prendió con fuerza, dió batallas y nos regaló una grandísima captura.

Ibamos a seguir avanzando pero la otra lancha nos volvió a pasar adelantándonos unos metros. Optamos por salir de aguas claras a una zona de piedras a flor de agua que Junior conocía bien. Ahi la fiesta fue completa con varios trairones escondidos en las mismas, algunos de un porte impresionante, que me quemaron la cabeza por un buen rato.

    
    

Nuevamente paramos en la isla para almorzar y ahi me encontré con las lanchas de Daniel-René y Mariano-Ale. Volvimos a disfrutar de unas carnes bien asadas y de un rico tucunaré a la leña epectacular. De ahí a las reposeras fue un instante donde descansé por demás y aproveché la amena charla de los muchachos. Así se hizo bien tarde, pero volvimos al ruedo descansados.

A la tade quize aprovechar el tucunaré que no habia intentado a la mañana sin suerte. Apenas un pez perro (pequeña barracudita de agua dulce) fue la captura de esa hora. Como ya estaba llegando la noche le dije a Junior de irnos para la pousada y pasarla de largo en busca de las piedras aguas arriba. Ahí la idea era hacer una corta nocturna en busca de algun pez de cuero que los suele haber y muchos en la zona.

LLegamos ya casi atardeciendo, regalándonos un espectáculo precioso. Tomamos la caña mas cojuda, la de 30 lb carnadera, por las dudas aparezca alguno de esos animales monstruosos que este río puede regalar y tubira al agua. Al rato cabeceo y pequeña corrida, clavo y hermoso trairao de muy lindo porte que sube a mis garras. Nuevo lance y nuevo pique de uno mas chico que se suelta en el borde de la lancha. Linea al agua otra vez y otra bestia hermosa subida.

La cosa venía bárbara y en el último lance que hago salió mi pequeño premio. Una preciosa pirarara, no grande, pero pirarara al fin me dió su presencia y captura para poder irse tranquila al agua nuevamente. Ya con la hora de cenar cercana y los mosquitos en estado de éxtasis decidimos volver a puerto con una muy buena jornada realizada. No tanto en cantidad ni con los tucunarés, pero si en calidad con los trairaos.

    
    

5to dia de pesca.

Penúltimo día de pesca y hoy decidi salir nuevamente con Bobby y Sergio para tener una velada mas conversada y divertida. Arrancamos tempranito como siempre en busca de las piedras habituales donde pescamos muchos trairaos pero a esta altura, ya todos íbamos a los mismos lugares de arranque asi que al verlas ocupadas nos fuimos directo a las lagunas.

Arrancamos en una dándole entre medio del palerío a los poppers y hélices, con muchísima actividad de tucunares, pero bastante esquivos a la hora de tomar. Con decir que no levantamos ninguno. De ahi nos echó un inmenso yacaré que cada vez que caía el señuelo al agua y lo comenzábamos a trabajar se venía atrás, inclusive llegando a la misma lancha.

Despues de dar unas cuantas vueltas a la laguna sin suerte, Bobby metió un precioso trairao con el popper de yara que nos produjo una grandísima alegría, tanto por la captura como por el premio al esfuerzo de Bobby. Ya sin mucha actividad mas nos sentamos a delinear el futuro del día y definimos ir a pescar el Paranaíba. Este río es un río tremendamente transparente, muy serpenteante y con mucha vegetación de palmeras por todos lados. Realmente un lujo a los ojos.

Navegamos mas de una hora dentro del río, bajo ese paisaje único, para llegar a una zona donde se formaba una laguna y ya no podíamos continuar navegando por lo bajo del agua. Acá arrancamos con señuelos de superficie y subsuperficie. Bobby con el trairao de imakatsu logró algunas lindas capturas, pero el que se destapó fue Lele de borboletta. Literalmente me cansé de sacar tucunarés pequeñitos.

    
    

Ya cansados del chiquitaje decidimos comenzar el retorno con la premisa del guía de probar en algunos pozones que se formaban en curvas del río. En uno de ellos pude clavar y sumar otra especie con un bellísimo Jacunda puro color y belleza.

Tambien Sergio, en el mismo pozón, metió un precioso trairao que atacó la tubira cuando se la hicieron saltar delante de la boca. La transparencia del agua hacía que esas cosas sucedan casi siempre en cada pique a pez visto. Mientras tanto el Lelé seguía haciendo estragos con los pequeñines en cada cuevita tucunasera encontrara.

Así pues salimos a río abierto muy tarde ya que nos llevó todo el día la navegación y pesca en el Paranaíba. Nos quedó tiempo para recorrer alguna lagunita mas donde logré meter un excelente trairao entre las piedras del regreso. No fue el mejor día de pesca, pero fue uno de los mas disfrutados a nivel visual y de contacto con la naturaleza.

    
    

6to dia de pesca (1/2 día y despedida).

Ahora si, último día de pesca o mejor dicho, medio día, porque al mediodía salíamos de regreso al lodge para preparar todo y ese mismo día a la tarde emprender el largísimo regreso a casa.

Yo me quería despedir de mi guia en solitario Junior asi que salimos juntos los dos solos again. Arrancamos hacia la piedra de trairaos, ocupada, asi que le sugerí intentar el tucunaré en las bocas de las lagunas. Esta vez opté por probar con unos jigs de yará blancos y bien peludos. La respuesta fue increíble, boca que parábamos le sacábamos tucunaré en cada lance hasta que finalmente se cansaban de picar. La actividad de tucus esa mañana fue la mas intensa que tuve en todo el viaje, realmente me saqué las ganas con el bendito jig.

Media mañana fuimos a una piedra en el medio del río y saqué un lindo trairao con tubira. Asi seguimos pescando y volví con el Jig y ahi me pasó algo increíble. En una boquita de arroyo diminuta lanzo el jig y cuando vengo recogiendo dos tucunares, uno bestial y otro pequeño, lo corrian de atrás. Ganó el pequeño, que fue captura, y el bestial volvió a su cueva en el arroyo.

Vuelvo a lanzarle a ver si lo toma y cuando cae se arma un zafarrancho y atras del jig se ve la sombra de un trairao enorme que lo sigue y se vuelve a su cueva. Ahí nomas, con toda la adrenalina, cambio de equipo y meto el de tubira con una muy vivaz. Primer lance y lo tomó al instante. Una pelea hermosa con saltos unicos y mucha tensión para no perderlo. Junior que lo sube con el copo, que animal hermoso por Dios. Una grandísima captura, de las mejores del viaje, casi en tiempo de descuento..

   
   

Estando en zona le entramos un rato a la boca de aguas claras ya que se veian varias lanchas adentro. En la navegada mirando al fondo veias a los trairaos descansando. Ahí frenabas navegación y tubira al agua. Así pude sacar uno medianito que descansaba con su pareja hasta que lo fui a molestar. Tambien pude sacar algunos tucunares medianitos que hicieron el deleite.

Ya con el sol subiendo fuerte y llegando a la hora de regresar, tomamos río abierto para navegar ese largo trecho hastas el lodge. Ese último mediodía había sido un regalo tanto por calidad como por cantidad. Llegamos a destino y fueron llegando de a poco cada lancha mientras yo aproveché para armar bártulos y tenerlos listos para el regreso.

Almuerzo de rigor, salutaciones y alegrias por doquier marcó lo que sería el fin del día y de la estancia en Suia Micu, un lugar mágico por donde se lo mire. Realmente fue una audaz jugada subirme a este viaje de la nada, fue un aprendizaje a pescar en soledad, en disfrutar de uno mismo en esos ratos tan mágicos que la pesca puede regalar.

El viaje de regreso fue tranquilo aprovechando la llegada tempranera a Brasilia pudimos hacer un poquito de shopping. No me queda mas que dar gracias a la vida por poder hacer lo que me gusta. Y gracias a toda la gente linda que me acompañó en este viaje. A la gente de Pousada Rio Suia Micu, un diez en todo, y a ese tipo maravilloso que es Bobby Bermudez, mas que el organizador de viajes, un amigo. Espero que no pasen 4 años para volver a hacer una salida asi, ojalá se dé mucho antes.

   
Algunas fotos mas.

Para concluir con esta extensa nota subo algunas fotos de las otras embarcaciones.

     
     
     
     

Notas Recomendadas

Por que devolver

Muchas veces se discute si el pescador deportivo es realmente el culpable o no de la depredación de nuestros peces. Muchas veces llegamos a la conclusión que no. Esto no nos exime de la responsabilidad que tenemos de cuidar el recurso que tanta vida nos da.

Un pez devuelto es quizas la futura captura de tu hijo

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