Post Pandemic

Posteado el 13 Nov 2020 por Walter Marquez   |   ,   

Si me hubieran dicho, allá por Marzo, que no iba a volver a pescar por 8 meses por culpa de esta maldita pandemia de Coronavirus, no lo hubiera creído. Pero así fue, pasaron meses de ansiedad por la salud, la estabilidad laboral, el encierro y.....las ganas de pescar. Hasta que en noviembre y con la baja de casos y apertura de todo pudimos volver a lo que mas amamos en en esta nueva normalidad.

Asi pues, llamadito a nuestro guía preferido Pedro Prats y, cuando nos dió el ok para poder ir, agendamos. Viernes 13 de noviembre, 244 días despues de la última salida, pudimos volver al ruedo. Una cosa realmente increible.

Apenas llegamos nos acomodamos y Pedro nos pasó el parte, el río había bajado muchísimo asi que la salida desde el muelle de pescadores iba a ser accidentada. Nosotros caminamos unos 300 metros observando lo bajísimo del río mientras Pedro sacaba la lancha barrenando en el barro para encontrarnos en el río mismo. Salvo este imponderable el rio estaba precioso y el día diáfano. Respirar se hizo una premisa de pulmones desacostumbrados, mientras la mente viajaba a mil momentos que pasamos en esta maldita pandemia. Era un poco de vida en los corazones, un poco de normalidad, de la nueva normalidad.

  
  

En la navegada Pedro nos fue poniendo en autos de la situación pesqueril. Ante esta bajada íbamos a ir seguramente todos al mismo lado, un arroyo sin conexión con el río, que estaba plagado de tarariras. La idea era llegar primero y tratar de buscar buenos lugares antes de que se pueble y se complique. Lamentablemente todos pensaron igual y a pesar de que llegamos primero, no se tardó en poblar de pescadores. A principio de la pesca contamos no menos de 20 distribuidos en distintos puntos del arroyo.

A pesar de ser un arroyo bien largo, mas de 5 km eran las zonas pescables, al haber tanta gente se ven reducidas las canchas, y en muchas de ellas, ya las encontras pescadas, lo que lo hace perder efectividad. El espejo de agua tambien había bajado un poco su caudal, mas que nada por evaporación, haciendo que la lentejilla y el musgo estuviera casi a flor de superficie. A olvidarse de señuelos duros y comenzamos pescando con gomas, latex y demas vinilos antienganche.

Al rato de intentar empezaron a salir las primeras, tirando a chicuelas, picando timidamente (el horario de la fresca hace que esto sea normal). Los señuelos con lo que arrancamos no ameritaban ninguna novedad: Ratas y ranas de Bad Line con cucharita adelante y zman lastrada y sin lastrar. Ya con algunas tarariras en el haber y habiendo roto el maleficio de no tener una presa en la punta de la caña, decidimos ir avanzando hacia el fondo.

  
  

Al llegar a la zona, nos encontramos con mucha gambarrusa en superficie. En los primeros intentos parecía fria la cosa hasta que se calentó el clima y tambien las taruchas. Buenos ataques, algunos errados y varias capturas usando señuelos blandos destacándose en esta hora un nacional fantástico de la marca DonkB, el Walker. Este señuelo de goma trabaja como un stick en superficie y subsuperficie según el anzuelo que le pongan. En ese rato fue letal de la mano de Victor y me tentó a probarlo demostrandome sus bondades con varias capturas.

A esa altura el sol pegaba fuerte fuerte. Lamentablemente en la semana estuve con muchos problemas digestivos que me obligaron a dieta e ir a la guardia del hospital. Venía bien pero comenzé con cólicos y espamos musculares que me obligaron a tirarme un rato en el pasto y descansar.

  
  

Mientras me retorcía en el piso con mis calambres estomacales los chicos disfrutaban de un pique sostenido de hoplias malabaricus. El Walker era irresistible para estos cazadores incansables cuando se irritan, mientras tanto, Damian no desentonaba con su ratita de donkb lastrada. Al cabo de un rato el sol ya pegaba intenso, quemando seseras y obligando a la hidratación constante. Como estábamos bien lejos del río y de la lancha decidimos ir volviendo para almorzar.

Llegamos y nos esperaba Pedrito con una sombra hermosa de un espinillo a la vera del río. Pero eso era el principio, en el fuego se asaban un matambrito, un ojo de bife y unos churrascos de cuadril con la madera del mismo espinillo. El sabor ahumado que le da esa madera es tremendo, por lo que el asado fue espectacular. A pesar de mis cólicos le entre a la carne con ganas y me tiré a descansar a la sombra un rato.

  
  

Ya descansado logré recuperar un poquito la panza y volvimos al ruedo. Así nos decidimos con los chicos a caminar la costa del frente, durante unos cuantos kilómetros para llegar a un point de pesca. En medio de varios grupos que estaban pescando desde temprano encontramos un hueco de unos 30 mts entre dos matorrales bien altos solo para nosotros. Al otro lado de cada matorral había gente pescando, pero la cancha que teníamos era solo nuestra y arrancamos.

Yo puse una badline bad frog negra y amarilla que apenas cayó al agua tuvo ataques. Fue un rush impresionante de mi parte en el que clavé 12 tarariras seguidas hasta que me cansé y me empezó a doler la panza de nuevo y tuve que acostarme un poco a descansar. Los chicos tardaron en volver a calentar motores, pero despues de un rato tambien tuvieron sus premios con lo que pudimos compartir varios dobletes antes de mi caída.

  
  

Se me pasaba un poco y volvía a los lances y capturas, me acalambraba volvía al piso a descansar. Así llegaron las 4 de la tarde donde decidimos empezar a retroceder sobre nuestros pasos. Durante el trayecto de vuelta fuimos pescando algunos lugares prometedores donde se veía que ya habían sido pescados por pescadores antes que nosotroso, salían capturas de manera aislada y muy trabajosamente.

Ya con el sol destrozándosos y dándonos cuenta de lo lejos que estábamos, metimos un rush de caminata hasta terminar exhaustos en la lancha. El regreso fue un disfute del viento en la cara, el olor a río y mil dolores en lugares inhóspitos del cuerpo, una sensación realmente hermosa.

  
  

Como conclusión podemos decir que a nivel pesca fue una muy buena jornada, quizás si no hubiéramos compartido con 20 pescadores mas el lugar hubiera sido lo apoteótica que nos había dicho Pedro antes de viajar. Igualmente un promedio de 25 a 30 capturas por caña, con algunas de buen porte, sigue siendo un pescón desde nuestra humilde óptica.

Para cerrar sólo dedicar esta salida de disfrute y este sentimiento reecontrado con la felicidad de quien somos y que queremos ser, a la gran cantidad de personas que han fallecido durante esta maldita pandemia. Yo he conocido gente cercana que se lo ha llevado el COVID, esperemos que se termine pronto y no siga haciendo mas estragos.

Notas Recomendadas

Por que devolver

Muchas veces se discute si el pescador deportivo es realmente el culpable o no de la depredación de nuestros peces. Muchas veces llegamos a la conclusión que no. Esto no nos exime de la responsabilidad que tenemos de cuidar el recurso que tanta vida nos da.

Un pez devuelto es quizas la futura captura de tu hijo

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